No me nace hacer una revisión del contexto político actual de "la larga y angosta...".El gesto adusto, la expresión seria y la mirada hacia un improvisado infinito no me agradan. Prefiero destilarme un poco, transparentarme un poco, evidenciarme un poco. Exhibirme un poco.
Y hablar del sufragio (que, por esas coincidencias del lenguaje, rima con "naufragio"; punto para Blanchot).
A comienzos del año pasado, miraba los contendientes presidencialistas entre los que se habría que elegir, y realizar una
performance en la cédula de votación no me parecía descabellado. Algún dibujo obsceno, alguna frase manoseada y ya no muy ingeniosa, algún mensaje para los vocales de mesa... había tiempo, y algo se me ocurriría. Por entonces, tres nombres se barajaban: Por la ultraderecha, los grupos neoaristocráticos, los católicos más fervientes, los militares y el libremercado, figuraba Lavín. Su campaña había comenzado con una clara ventaja de varios años. Muchos años, incluso desde antes de la campaña en la que perdió, por una cabeza, contra Lagos, el 99-2000. Contaba, a comienzos de año, con el apoyo de toda la Alianza por Chile, es decir, con el apoyo de toda la derecha opositora. No poco desgastado, pero aún visto por muchos como el más probable "próximo presidente", era el rival a vencer... Difícil tarea pensando en que practicamente había corrido solo a lo largo de todo el gobierno de Lagos. Por otra parte, dentro de la Concertación, en todo su oficialismo, aparecían los nombres de dos mujeres. Ambas habían sido ministras del actual gobierno, y ambas habían dejado sus respectivas carteras (ministeriales, claro) para entrar "en campaña". El partido oficialista de derecha (o de centro, como prefieren catalogarse, aún cuando algunos de sus militantes se consideren más bien de izquierda... vaya uno a saber con estos tipos), la DC, levantó a Alvear, con su cara de mamá de clase medio-alta y aprovechando el nivel de aprobación que había tenido luego de ser ministra de justicia y de relaciones exteriores. Un poco amargada, quizás por las constantes dudas que se ciernen sobre la heterosexualidad de su esposo, la "camarada" aparecía como una alternativa "de centro", pero desde una óptica femenina. La otra mujer de la Concerta apareció de la nada, y con más convicción desde las encuestas de popularidad que desde su propio partido, la socialista Bachelet apareció más como un invento que como una líder. Es probable que desde su propio subpacto de apoyo (PS-PPD-PRSD) la hayan "inflado", más que nada para detener el efecto mediático que constitúia la condición de XX de Alvear. Al parecer, la popularidad de la doña se les escapó de las manos, y tuvieron que enviar a su carta más clara a la OEA. La bolita de nieve no podía ser detenida. Y con su cara de Presidenta de curso (en oposición a la de Alumna matea de la otra señora) encantó a la gente. A puro carisma. No sé si, incluso a estas alturas, Bachelet puede creer lo que pasó con ella. Finalmente, la izquierda extraparlamentaria, que no ha llegado a ninguna parte (aparte del exilio) en más de 35 años, se agrupaba bajo el nombre de PODEMOS (Poder Democrático Social) y trataba de desmarcarse un poco de la égida del Partido Comunista, pero parasitando aún del cadaver de Gladys Marín. Por entonces, aún trataban de levantar un nombre para las elecciones.
Así, es difícil no pensar en anular el voto.
Pasó un poco el tiempo, y dentro de la Concerta necesitaban definir quien iba a ser su candidato. O candidata, porque la suerte ya estaba echada. Así que empezaron a organizar su elección, y armaron un debate televisivo entre las dos figuras femeninas, el cual vi junto a Paula cuando aún viviamos en el barrio Brasil. El debate fue, honestamente, penoso. Lo único que pensaba luego del mismo era "fue un empate, pero un empate a cero". A Bachelet le costaba articular un proyecto contundente, y su planificación de gobierno era, en su totalidad, aún un proyecto: todo había aún que estudiarlo. A su vez, Alvear apareció confrontacional, violenta, manejando una discursividad más propia de la derecha (por tanto, no creo que le haya sido del todo impropia) que de su coalición, igualmente que inflexible en una larga serie de temas: ya que Lagos se pusiera vociferante me parecía fuera de tono; el que lo hiciera Alvear me parecía, lisa y llanamente, un desatino de proporciones. Ninguna tuvo el porte. O como se prefiere por estos días, ninguna dió el ancho.
Antes de que se realizaran primarias en la Concertación, por la derecha asomó otro nombre, en un gesto que para muchos pareció como de alta traición. Lavín ya no contaría con el apoyo de toda su alianza, sino sólo con el de su propio partido, la UDI. El otro partido de derecha decidió dar su apoyo a Piñera, empresario empapelado de diplomas estadounidenses y, por qué no decirlo, también de dinero. Mucho, mucho dinero. Principal accionista en múltiples empresas, y no precisamente de las pequeñas o medianas. Y con claro resentimiento para con Lavín, quien, en tiempos en que era candidato único de la derecha, removió a Piñera de su cargo como presidente de su partido, RN, luego de un
impasse entre ambos partidos. De esta forma, la derecha chilena se dividía en dos: la derecha tradicional, de patrones de fundo, la más cercana a Pinochet, la derecha del fascismo, apoyaría a Lavín, mientras que la derecha-con-ganas-de-ser-centro, la derecha de los Yuppies, la derecha que durante la dictadura salió a estudia a Harvard o a Yale, la del libremercado, apoyaría a Piñera.
Finalmente Alvear, quien previó que dificilmente triunfaría en las primarias de la Concertación, decidió bajar su pre-candidatura, dando todo su apoyo y el de su partido a Bachelet. [En honor a la verdad, no me gustó mucho que se bajara Alvear... el voto "de centro" pasaría -como pudo verse el 11 de Diciembre pasado- a Piñera... O como dice una amiga, a "Piraña"]. Por la derecha, Lavín, más sólo que nunca, le pedía a su compañero de pacto, pero rival en la papeleta electoral, primarias internas. Evidentemente, no las tuvo, y finalmente ambos terminaron inscritos como candidatos.
Por su parte, en el Podemos (que pasó a designarse "Juntos Podemos", y luego "Juntos Podemos Más") dirimía también su candidatura... con mucha menos cobertura periodísitica, claro. El comunista Tellier finalmente se bajaba, y era proclamado el humanista Hirsch. Para contextualizar un poco, el comunismo chileno es bastante pequeñoburgués, de harta comilona y harto garabato, pero mucha más gracias no tiene, aparte de ser bastante llorón con el golpe. Una tragedia, claro, pero de repente un
mea culpa no está de más, si la conciencia tampoco la deben tener muy limpia. Y el humanismo... bueno, el humanismo, en términos sumamente acotados, es un neohippismo posmoderno al cual no le gusta la posmodernidad. Un montón de buenas intenciones y lindos ideales, pero incluso la ficción de Moro era más realizable.
Insisto: Por entonces, mi intención de voto era más cercana a la papiroflexia que a un "válidamente emitido". Sin embargo, vino el primer debate televisivo. Con Paula ya viviamos donde estamos ahora, en Macul. Pero como no tenemos televisor, lo oímos gracias a la gentileza de Radio
Cooperativa. Nuestra amiga, la Negra (lo siento Pollita, para la Negri ya no es sólo amiga tuya), se quedó esa noche con nosotros, y nos dedicamos a conversar el debate. Desde ese momento, en lo personal, mi voto fue para Hirsch. Sus propuestas no eran del todo realizables, pero eran siempre tan bien fundadas y fundamentadas que, honestamente, me fascinó. Sus críticas eran las mismas que, muchas veces, yo mismo he formulado. Sistema de pensiones, matrimonio homosexual, servicio militar, fuerzas armadas, sistema binominal... Incluso me dejó la sensación de tener mucho más aplomo y mucho más porte que los otros tres candidatos. En todo momento supe que Hirsch no sería en ningún caso electo, ni que llegaría siquiera a una segunda vuelta, pero aún así me parecía meritorio su enfoque, y compartí su visión.
Admito sin embargo que me hice algunas espectativas, como casi todos. Mientras en los medios se hablaba del "factor Hirsch", en el Podemos se aspiraba al 10% de los votos. Compartí esa aspiración (aún cuando la participación de los cuatro candidatos en el segundo debate -el cual vi en casa de mis padres, pero que analicé luego por teléfono con Paula- me pareció bastante mediocre), al igual que muchos. y es que, a mi juicio, habían signos para pensarlo así. En los días previos a la elección, cuando ya no quedaba tiempo para mucho más y con mi mujer ya estabamos inscritos como apoderados de mesa por Hirsch, la actitud de la gente para con Hirsch me impresionaba. En las encuestas nunca se le dió mucha preferencia, pero en la calle podía ver, a diario, alrededor de 10 personas o más que, como yo, llevabamos algún distintivo de Hirsch en nuestra indumentaria. Conté muchas chapitas, como la mía, o como la que aparece en el sidebar de este mismo blog. Así, pensar en un 10% no parecía descabellado.
Pero lo fue.
El 11 de Diciembre Hirsch obtuvo sólo un 5.40% de lo votos, toda vez que Bachelet (45.95%) y Piñera (25.41%) pasaban a segunda vuelta, mientras que Lavín se ubicaba tercero (23.22%).
Me sentí frustrado esa noche. Me sentí defraudado, y defraudado de la gente. No lograba concebir cómo tanta gente por las calles usaba la misma chapita que yo sin que esto no se reflejaba en los computos. Al día siguiente comprendí, o al menos me dí una explicación al respecto. Y es una respuesta bastante simple: Hirsch no tuvo, en ningún momento, algún tipo de "voto escondido" ni cifraba sus espectativas en los indecisos. Los que votamos por Hirsch fuimos los que siempre dijimos que votaríamos por Hirsch, a la vez que hicimos campaña por Hirsch. El resto no. El resto, los que no usaban chapita de Hirsch, no votaron por Hirsch. Así de simple. Fue paradójico ver a más gente usando insignias de Hirsch que de cualquier otro candidato, y a la vez haber obtenido, no la votación más baja, pero sí una votación tan pobre.
La misma noche del 11 de Diciembre, en una decisión que se condice con lo que siempre sostuvo a lo largo de su campaña, pero que a la vez me parece una muy mala jugada política, Hirsch anunciaba que él, personalmente, votaría nulo, lo que a todas luces puede entenderse como un abierto llamado a anular el voto en la segunda vuelta, a realizarse el Domingo 15 de Enero de 2006. Creo que la consecuencia le jugó una mala pasada. Y claramente, no comparto este punto.
Y es muy simple: Anular el voto es apoyar a Piñera, apoyar a la derecha. Los votos de Lavín, de la extrema derecha, dificilmente se traspasarían a la candidata socialista, sino que irían, en su gran mayoría, hacia Piñera. Que la extrema izquierda llame a no apoyar a nadie, anulando, simplemente acrecienta las posibilidades de Piñera. Más aún cuando a Bachelet, la "Gordi" como la llamó un ministro, le faltó para ser electa en primera vuelta poco más de un 4% de los votos, unos cuantos menos que los obtenidos por Hirsch.
Por eso este domingo, día en que probablemente el sol sea despiadado con nosotros los pobres votantes, votaré por Bachelet. No porque me parezca una gran candidata, sino que, muy por el contrario, tan sólo es lo más cercano a "el mal menor" entre el universo por el que se puede elegir. Más que votar por Bachelet, es votar "no a Piñera", "no a la derecha", "no a los interteses de los más ricos". Claro, votar por Bachelet tampoco es marcar una gran diferencia, pero al menos me quedo con la tranquilidad de que el próximo gobierno no amparará a violadores de los derechos humanos, en ninguna de sus formas.
Igualmente, votar por Bachelet no es lo mismo que hacer campaña por ella. Creo que no se la merece. Si bien en el último debate, también oído por radio, se mostró con mayor aplomo que el confrontacional -y "dedeado" por Bitar- Piñera, sus propuestas no dejan de parecerme continuistas y bastante conformistas, por no decir derechamente que me parecen mediocres y anestésicas. Sin embargo, votaré por ella. También seré apoderado de mesa, y esto por un hecho bastante simple: la adrenalina que se genera en la discusión por los votos es impagable. No me interesa defender los votos de nadie; simplemente disfruto en esa pequeña confrontación, tan nimia como el 0.01% del total de votos, pero que siempre deja ese resabio a tener el destino de todo un país en las manos...
...más aún cuando a veces bajan las ganas por ser un poco perverso, un poco macabro, un poco anarquista, un poquito asistémico...