Me salió un absceso justo en la base de la espalda, en el coxis, donde comienzan los gluteos. Ha sido casi como involucionar y desarrollar un cola.
La amiga RAE señala que un absceso es:
Acumulación de pus en los tejidos internos o externos
Es decir, cargaba un puñado de células muertas entre la piel y los músculos... o lo que sea que en tal parte del cuerpo estuviese.
Al comienzo creí que no era otra cosa que una espinilla ciega con muy mal gusto para elegir su lugar. Pero pasaron los días y la pre-supuesta espinilla tomó forma de tumor.
Mucho, mucho dolor. Sólo podía sentarme de lado, cargado sobre un costado. Lo mismo al dormir. Mucha actividad no pude hacer; era dificil incluso vestirse. Colocarse los calcetines era una epopeya.
En tres días la molestia era insoportable, así que, temores mediante, el lunes fui al doctor. O más bien a sacar hora: la enfermera sólo me curó, me sugirió calor local y mehabló de quistes pilonosecuánto...
Admito sin problemas que tuve miedo y lloré de miedo. Y rabié de miedo. Y odié de miedo. Miedo a la muerte, a la invalidez, a la impotencia, a la inoperancia, a la incapacidad. Miedo a la imposibilidad.
Mi cronograma médico consistía en médicina general el jueves a primera tarde en la universidad, y cirugía el viernes temprano, en SEMDA central, porque sin lugar a dudas iría a dar allá. Mi pollita me acompañaría el viernes antes de ir a trabajar, por lo que me quedaría en su casa.
El dolor aumenta con los días. El jueves llego lerdo como el padre de Piero hasta el doctor -con lagrimógenas y todo-, el que hace las preguntas de rigor, me sube a la camilla, mira, toca, y declara: Absceso. Y está a punto de reventar. Hay que drenar lo antes posibleo comenzará a necrosar. Maravilla. Albricia. Duele. Antibióticos y siga con Antiinflamatorios. Tomo Profenid. Sí, siga tomando ketoprofeno, cada doce horas. Duele mucho, ¿puede ser cada ocho? No. Maravilla. Albricia. Duele. (Sabía que no se podía. Paula me dijo que la dosis máxima son 200 mg... Pero duele.)
Segunda sesión de seminario a la que falto por culpa de las células muertas. La puta. Y con lo que me gustan. La puta. Puteo hasta la oficina de mi padre, receta en mano. Mi padre está amable. Está padre. Me tranquiliza. No duele tanto. Es posible caminar. Me financia posibles taxis. Me compra los antibióticos. Me señala la ruta más corta para llegar a casa de Paula caminando menos. Me siento mejor. Se siente bien esto de tener padre. Uno se encariña. Casi perdona. Uno no olvida. Uno se levanta de hombros, agradece al proveedor, lo besa, y camina. Me siento bien. Sí, puedo caminar hasta Santa Ana y tomar el metro. Ya no voy tan lerdo. Fumo.
Me había olvidado de la fiebre. Sólo sé que tengo fiebre, sin sentirme afiebrado. Sé que tengo fiebre sólo por el sudor frío. Mucho sudor frío. Llego a nuestra casa aún animado, aún empapado. Florencia, hija mía, ronroneas. Nos regaloneamos, a pesar del pelechar. Me siento bien. Al parecer el Profenid al fin se encariña conmigo. Duermo un rato. La alarma me despierta a las 20.30. Sigo bien. La llamo. La llamo. La llamo. Contesta una vez que ha salido de su curso. Pasará a comprar algo de comer y se viene. Me alegro. La deseo. Me siento bien. Llega. Se saca el bolso, se saca el abrigo, se saca la rabia, aún no me besa, se saca la rabia, se merece sacarla. Se saca la rabia. Me muevo con los brazos. La abrazo. Le digo que no me ha besado. La beso. Me pide disculpas. No hay nada que disculpar. Me siento bien. La deseo. La abrazo.
Comemos, tomo mis remedios, planificamos el día siguiente y el fin de semana. Está cansada. Estoy adolorido. Profenid me abandona. Amor, ¿lo puedo tomar cada 8? No. Duele. Pero no tanto aún. Es del todo soportable Hablamos. Mucho. A veces pienso que más de la cuenta. Pero puedo abrazarla. Puedo abrasarla. La deseo, pero la calentura es de fiebre. Pobrecito mi niño. Me apapacha. Me siento bien. Dormimos.
O tratamos.
Sudo frío toda la noche. Tengo miedo y duele. Me muevo cuando duermo. No la dejo dormir. No descansa. Me siento un estorbo. Todos estos días me he sentido un estorbo. No sólo para ella. Un estorbo. Florencia quiere jugar. Queremos dormir. Sudo... Mi piel no ha soportado más, y por los poros sale pus. Mis células muertas.
Despertamos, desayunamos, tomo remedios. Lentamente me visto. Tenemos sueño, estamos cansados. Ella más que yo. Pero tenemos susto. No sé quien más. Nos vamos en taxi. Llegamos temprano. Llenamos la ficha. Estoy nervioso, y nazco el 2005. La enfermera se ríe. Estoy nervioso, río. No es mentira; estoy nervioso, tengo miedo. Entro al despacho del cirujano. Solo. No quiero entrar solo, pero entro solo. Tome asiento, ¿qué lo trae por aquí? Un absceso en el coxis, preferiría no sentarme. Entonces no se siente: súbase a la camilla y descúbrase. Siento que le he mostrado el culo a mucha gente estos días. El doctor mira, toca, y pide materiales. Tengo susto, pero no es la primera vez que pasaré por bisturí. No recuerdo vivencialmente todas, pero las conozco. Primero cloruro de etilo por aspersión. Mucho. Recuerdo a los drogos del colegio y sus 30 segundos de alucine. Pope. Mucho cloruro de etilo. Se supone que me dormirá. El doctor avisa. Dolerá. Y de hecho, duele. Mucho. No recuerdo tanto dolor nunca. El doctor me pide que respire mas profundo, o me marearé. Hago lo que puedo. Una de las enfermeras me toma de los brazos. Me mira como a un hijo. Agradezco el gesto como puedo. Apreto los puños. Duele. Presiona las zonas inflamadas. Duele aún más. Insisten en mi respiración. Insisto en mi dolor. Apreto los puños, doy suaves golpes contra la camilla metálica. Duele. De pronto todo termina. Acaban de hacerme un drenaje. De ponerme un drenaje. De dejarme un drenaje. Más antibióticos. Siga tomando Profenid. ¿Puedo tomarlo cada 8? No.
Salgo. Mi pollita me espera. ¿Y tan rápido? Sí, y tan doloroso. Planificamos la ida. Quiero un helado. Paula quiere un café. Conversamos. Sigo de pié. Tengo un parche enorme puesto. Sigo de pié y quiero helado. ¿Cómo lo hacemos para irnos? Bueno, café. Hay que caminar un poco, ¿puedes? Sí, pero lento. ¿Café o helado? Rubén, estás pálido, ¿te sientes bien? Sí, sólo me zumban los oídos, y me tiritan las piernas, y me quiero sentar. Te bajó la presión. Parece. Tengo sed. Tome agüita. Tomo agüita. Rubén, no me asustes. Ya pollita, si estoy bien. Es sólo que allá dentro me dolió mucho. Me asustaste. Yo también me asusté.
Paula me deja descansando en su casa y se va a trabajar. Es dulce ella. Me deja comida cerca, y mis remedios, y más remedios, y cigarros y mi encendedor y fósforos por si falla, y los controles remotos, y mi botella con agua, y papel higiénico, y mi ropa a mano. Es dulce ella. Se va. Aún la deseo. Y la extraño.
Duermo. Veo TV. Veo a la sub-20. Pero aún no tomo conciencia de lo que implica el estar drenándose. Me estoy sacando la muerte por los poros. Pero el apósito y el parche no lo superan, y mi ropa interior se humedece de sangre y pus. De sangre y pus. De sangre y celulas muertas. De vida y muerte. Me saco el muerto por los poros. Pero me asusto. Nadie me avisó que el drenaje continúa luego del pabellón. No me duele, pero estoy empapado. Llamo a mi madre para preguntar si tiene que ser así. Sí, y puede durar incluso más de tres días. ¿Por qué nadie me avisa estas cosas? Porque no preguntas. Me siento bien, aunque empapado. He manchado las sábanas. Ya me voy a casa. Llamo a mi pollita y le cuento. Ponte una toalla higiénica. No me parece descabellado. Me pongo una toalla higiénica para no seguir manchando nada. Es difícil ponerse una toalla higiénica siendo hombre, en una zona donde no van las toallas higiénicas, y sin leer las instrucciones. Al rato ya me siento como una púber menárquica. Las manchas en la toalla me dan la razón. Me saco el muerto por los poros, en una toalla higiénica.
Cojeo hasta el metro. Me saco el muerto en el metro. Cojeo hasta el metrobus. Me saco el muerto en el metrobus. Puedo sentir ahora como se drena, como corre, como fluye lo muerto hacia fuera. Pero al fin me saco el muerto de encima. Me siento mucho mejor.
Como algo, tomo mis antibióticos, me porto bien, veo televisión, reviso mi correo, tengo uno de Agualuna de alguna cuenta que no bloqueé. Bloqueo. Me emputo. Mando a la mierda. ¿Qué se cree? Veo TV, llega mi familia, se preocupan por mí. Me preocupo por mi pollita, que no durmió mucho y que sabe lo del correo. La llamo. está muy cansada, aún enseñándole de filosofía del lenguaje a su mejor amiga y una amiga de su mejor amiga. Hablamos acerca del correo ¿Qué chucha se cree? Hablamos un rato acerca de ex demenciales, y nos damos las buenas noches
Fin de semana familiar. Día del padre. Brazo de reina. Drenaje, cambio de parches, múltiples cambios de toalla higiénica.
Y al final de todo, entender lo que se drena y por qué se drena.
Hay que sacarse el muerto, sacarse de dentro lo que murió. Depurarse de la muerte para empezar un nuevo año. Porque el martes será año nuevo, Yule, el solticio de invierno que escribía Hahn.
De alguna forma depuro lo que no me deja crecer, lo que se ha muerto en mí. Me libero de lo que quiere arraigarse aún cuando esté muerto. Me purifico de lo que no quiero para mí ni los míos.
La purificación ritual por carambola de los dioses.
Uno aprede: Hay muertos que no cargo yo. No más.
Por cierto, es probable que el lunes me den el alta.