Manzana
A Paula, mi mujer hecha manzana (y viceversa)

Contemplar la manzana.
Mirar su contorno, su borde, sus líneas finas. Su firmeza indómita. Su piel tersa, tirante, frágil. Su porte, su garbo. Su charm. La promesa diferida de su blanca carne. Despertar la sed y el deseo edénico de la tentación.
Tocar la manzana
Cumplir la promesa, sentir la tensión, desplazamiento ritual de las yemas por sobre una piel estremecida. Acariciar el fruto del deseo y la discordia. Despertar con ínfima presión la necesidad de la manzana por despojarse de su exterior.
Oler la manzana
Despertar la primavera en la punta de la naríz. Incitar a la vida hacia el precipicio. Susurrar la necesidad junto al tallo. Desear la manzana y hacer desear a la manzana. Jadear de la sed, inspirar el hambre, aspirar el aroma seductor de la fruta.
Morder la manzana
Hincar el diente en la tierna y fresca carne de la fruta. Sentir el zumo lúbrico y regenerador correr por la comisura de los labios hasta la base del cuello. Morder con fuerza, con desesperación. Apropiarse de la carne blanca. Desgarrar la humedad que escapa por cada uno de los poros. Disfrutar, hasta el paroxismo, el goce de la manzana.



4 Me siguen el juego:
Así como existe la zoofilia o el bestialismo, supongo que debe existir un sustantivo para designar actos sexuales con especies vegetales. Yo prefiero las uvas.
Amor cómo llegamos a la manzana?
Ah, capítulo de tesis, mito semítico, manzano ... en fin, divagaciones varias.
Gracias por desearme y devorarme tan rico!!!!
Me haces muy feliz y eso no es fácil.
Te amo.
Realmente,
y en el ámbito que me corresponde
tu texto ha hecho que mientras
trabajo
se me haga agua la boca,
de pensar que hoy en la noche
llego a casa
Guau...la verdad me cargan las manzanas...prefiero las piñas y las papayas...buenas frutas, algo más tropical...más calor, más verano.
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